Todo llega para quien sabe esperar - PHILIPS

Marc Redorta 10 may. 2016

La innovación no siempre da resultados inmediatos. A veces hay que esperar mucho tiempo para obtener beneficios económicos. Y, de hecho, cuando más avanzada a su tiempo sea una idea, posiblemente más tarde en triunfar. Es por este motivo que las grandes compañías a menudo optan por diversificar su inversión en I + D + I. Estratégicamente les conviene mucho tener un pie puesto en posibles futuras áreas de negocio, aunque los resultados se tengan que hacer esperar o incluso aunque no lleguen nunca.

Uno de los casos más extremos que ilustra esta idea la ha protagonizado Philips, la histórica firma de iluminación. Esta compañía holandesa fue fundada en 1891 por Gerard Philips y su padre Frederik con el objetivo de fabricar un invento que llevaba 12 años petándolo muy fuerte: la bombilla elèctrica1. La luz artificial fue, a finales del siglo XIX, un invento que deja completamente en ridículo la irrupción de Internet en nuestras vidas.


Sede de Philips en Amsterdam

Los Philips lo supieron ver de inmediato, aunque no entendieron la dimensión real del posible negocio hasta que reclutaron al más listo de la familia: Anton Philips. El hermano pequeño fue quien tuvo claro que había que invertir en ingenieros y diversificar la producción para tomar la delantera a posibles competidores. Entre los años 20 y 30 introdujeron al mercado europeo productos ahora tan consolidados como los aparatos de radio, los aspiradores o las maquinillas de afeitar eléctricas.

Pero no todas las apuestas fueron tan bien acogidas por el mercado. En julio de 1936, mientras en España estábamos distraídos con el inicio de una guerra civil, la revista del laboratorio de investigación de Philips publicaba un artículo sobre los avances conseguidos con la irradiación de plantas con luces de neón 2. El artículo demostró científicamente que con una iluminación artificial eficiente se podía cultivar en espacios cerrados y con buen rendimiento.


Imagen de una cityfarm

En ese momento la idea no despertó mucho interés. En cambio hoy se conoce como city farming y casi siempre aparece relacionado con conceptos como smart cities, sostenibilidad o resiliencia. ¿Qué ha pasado durante estos 80 años? ¿Por qué no triunfó antes la idea?

De entrada porque no era necesario. La agricultura tradicional permitía producir alimentos suficientes para abastecer las sociedades más avanzadas. De hecho, los conceptos city y farm no se asociaron nunca hasta finales de los años 60 en el Reino Unido, y fue por culpa de los hippies, que pensaron que era una excelente idea completar sus comunas con animales de granja y pequeños huertos urbanos. Pocos años después los punks anunciaron que las únicas crestas que habría en las casas serían las suyas y dieron por terminado el experimento.

Eso sí... La industria, por su parte, seguía investigando, si bien al ralentí. El problema principal era que los fluorescentes del momento no ofrecían el rendimiento deseado. Consumían y disipaban demasiada energía, no se podían programar y eran demasiado caros de fabricar y de instalar si sólo se querían para hacer crecer una lechuga.

Pero tres letras lo cambiaron todo: LED. Esta nueva tecnología consumía un 75% menos que los fluorescentes, duraba 10 veces más, no sufría degradación lumínica, se podía programar, ocupaba mucho menos espacio, concentraba más la luz... en fin, suponía un salto cualitativo brutal en términos de eficiencia. Todo ello, combinado con el incremento de población en las ciudades y la reducción del suelo disponible para ser cultivado, empujaron a los emprendedores del siglo XXI a crear las llamadas granjas verticales, es decir, a cultivar en el interior de naves industriales. Y, por fin, los bisnietos de la familia Philips se podían empezar a frotar las manos.

Según las Naciones Unidas, en el año 2050 la población mundial habrá incrementado en 2.500 millones de personas y la producción agrícola requerirá un incremento del 70% de su volumen para satisfacerla. Y el 80% del suelo cultivable ya se está utilizando. Con este escenario tan poco alentador para la humanidad, la solución pasa por iniciativas como las de Green Sense Farms, una empresa ubicada en las afueras de Chicago que ha instalado 7.000 bombillas LED de Philips en el interior de una enorme nave de 30.000 m2 para producir 4.000 cajas de verdura a la semana. Una verdura que ha sido mimada con la cantidad y calidad de luz ideal, sin pesticidas y ajena a cualquier inclemencia meteorológica3. Philips asegura que con su luz puede cultivar una lechuga en sólo 38 días, cuando cultivado tradicionalmente tarda entre 65 y 130 días en función de la variedad y la época del año.


Imagen de una cityfarm vertical

¿Estamos preparados para comer lechugas hechos en una fábrica? Según Philips... sí. Durante los años 2014 y 2015 la división de city farming del grupo ha triplicado su personal y ha previsto grandes inversiones para el futuro. El objetivo es crear sistemas modulares y escalables que incluyan iluminación, irrigación y fertilización para simplificar el producto. Algunos clientes de Philips aseguran que el retorno de la inversión llegará antes de un año. Y por si quedan dudas sobre la viabilidad de la nueva área de negocio, la filial japonesa de General Eléctricos acaba de llegar a un acuerdo con un grupo empresarial de horticultura para construir una granja vertical gigante con el objetivo de disputar el liderazgo del mercado en Philips desde el primer minuto4.

La conclusión es clara.


FUENTES

  1. Israel, Paul (2000). Edison: A Life of Invention. John Wiley & Sons.
  2. "Irradiation of plants with neon light”. Philips Technical Review. J.W.M. Roodenburg i G. Zecher. Juliol de 1936.
  3. "The light fantastic”. The Economist. 17 de maig de 2014.
  4. “A farm on every street corner”. Fast Company. Corine Iozzio. Abril de 2015.
  5. The Future of Agriculture? Indoor Farms Powered by LEDs. GE Reports. 18 de desembre de 2014.
  6. "The latest news in horticulture". Philips. Actualitzat a 14 de setembre de 2015.

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